Permanecer en el asana

Yoga no es tanto una serie de asanas, de posiciones corporales o de ejercicios de respiración y de concentración sino un estado, un estado de unión entre el cuerpo y la mente y, aún más, un estado de integración de la totalidad de nuestro ser. La raíz de la palabra yoga, yug, proviene de yugo, unión. Y la práctica del yoga nos encamina hacia esta unión, hacia la no dualidad. Dualidad es una palabra que irá repitiéndose constantemente, podemos sentir en nosotros diferentes dualidades, empezando por la dualidad o separación entre yo y los otros, siguiendo hacia la dualidad o separación entre la mente y el cuerpo. Sentimos a menudo que tenemos un cuerpo como si se tratara de una posesión más, o como si fuera algo separado de nosotros que cuelga por debajo de nuestra cabeza. A través del yoga dejamos de tener un cuerpo para ser un cuerpo. Lo habitamos, lo sensibilizamos y le devolvemos su dimensión sagrada. Se trata de bajar la atención, situada en la mente y en el discurrir de los pensamientos para establecerla en el cuerpo.

Manteniendo el asana sentimos como hemos colocado el cuerpo, los puntos de equilibrio y de tensión corporal, donde tira la musculatura y, por lo tanto, donde debemos llevar la atención y la respiración para soltar dicha tensión, para aflojar el cuerpo, porque solo un cuerpo relajado nos permite flexibilizarlo, estirarlo, proyectarlo… Este sentir el cuerpo nos estabiliza también la mente, que se aleja del discurso mental para fundirse con él. La mente está en cada una de las células de nuestro cuerpo. Relajamos el cuerpo y relajamos la mente, sintiéndonos un todo unificado.

Corporalmente asana es un centramiento del cuerpo en una posición, pero va más allá de una posición tan solo física Una vez situados en la posición debemos tener presente el equilibrio “sthira-sukha”, que significa el equilibrio entre el esfuerzo y el abandono, es decir sentir que nos situamos en el punto intermedio entre el esfuerzo justo para mantener la posición y la comodidad o relajación corporal para abrirnos a los efectos del asana, la posibilidad de relajar la musculatura sin perder la atención. Si hay demasiada tensión o esfuerzo para mantener la posición el cuerpo agarrotado no disfrutará de los beneficios del asana, pero si hay excesiva comodidad será más difícil mantener la actitud de centramiento mental y corporal que conlleva el yoga.

Estamos hablando de cuerpo pero no perdemos de vista la actitud mental, ya que el mantener una posición estática durante un determinado espacio de tiempo nos permite también observar como están nuestros pensamientos, sus movimientos, sus discursos o narraciones. Aparece la incomodidad, el cansancio o el aburrimiento pero debemos observar estos pensamientos para ver si realmente no son más que una defensa para huir del instante presente, observar que la mente se cansa antes que el cuerpo y lucha si se siente aprisionada en el presente buscando la evasión. Debemos aplicar entonces el equilibrio “sthira-sukha” antes descrito también a la mente: aflojar, liberar y relativizar los pensamientos y, al mismo tiempo, no huir del momento presente, del trabajo de asana. Debemos buscar equilibrio en el esfuerzo, una práctica inteligente para no ser rígidos sino capaces de adaptarnos y desidentificarnos.

Silvia Palau Pujols
extracto de "Meditación y Pensamiento
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