El yoga, una vivencia interior


Después de todo, ¿qué es el yoga? Es algo que experimentamos muy dentro de nuestro ser y no es una experiencia externa. En el yoga tratamos de poner en acción la mayor atención posible en lo que hacemos; es diferente al baile o al teatro. En el yoga no estamos creando nada para que lo vean los demás. Al realizar las diferentes asanas observamos al mismo tiempo lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo. Si no ponemos atención al realizar nuestra práctica, entonces no podemos decir que eso es yoga.

En nuestra práctica de asanas nos concentramos en el cuerpo, la respiración y la mente. Nuestros sentidos son parte integral de la mente. A pesar de que, en teoría, el cuerpo, la respiración y la mente pueden trabajar solos, el propósito del yoga es unificar sus acciones. Más que nada las personas entienden como yoga al aspecto físico de su práctica. Es raro que se den cuenta de cómo respiran, cómo sienten la respiración y cómo la coordinan con sus movimientos físicos, tienden a ver sólo su flexibilidad y agilidad. A algunas personas sólo les importará saber cuántas asanas han llegado a dominar o por cuántos minutos pueden estar parados de cabeza.

La manera de sentir las posturas y la respiración es mucho más importante que estas manifestaciones exteriores.

¿Qué es un asana? Asana se traduce como “postura”. Se deriva de la raíz del sánscrito que significa “Permanecer”, “ser”, “sentarse” ó “estar seguro en una postura en particular”. En los Yoga Sutras de Patanjali se especifica que el asana tiene dos cualidades importantes: sthira y sukha. Sthira significa firmeza y actitud alerta. Sukha se refiere a la habilidad de mantenerse cómodo en una postura. Ambas cualidades deben estar presentes en la misma proporción cuando se practica una postura. Ni sukha ni sthira estarán presentes cuando nos sentamos con las piernas cruzadas, si enseguida tenemos que estirarlas otra vez porque nos duelen. Aún si logramos lo firme y la actitud de alerta de sthira, también debe existir la comodidad y ligereza de sukha, y las dos deben estar presentes por cierto tiempo. Sin estas dos cualidades no hay asana.

Se cumple con este principio de yoga sólo cuando hemos practicado un asana en particular por determinado tiempo y nos sentimos alertas y relajados al practicarla.

Cuando iniciamos una postura o hacemos un movimiento en el que sentimos tensión, es difícil notar algo más que no sea la tensión. En realidad, al hacer esto no estamos en el asana que queremos alcanzar, por lo tanto, es obvio que aún no estamos listos para esta postura en particular. Mejor aún, deberíamos practicar algo más sencillo primero. Esta simple idea es el cimiento de toda nuestra práctica de yoga. Practicando las posturas en forma progresiva, poco a poco lograremos más firmeza, una actitud alerta y sobre todo comodidad.

Si queremos hacer realidad este principio de asana, tenemos que aceptarnos como somos.

Si tenemos la espalda rígida, debemos saberlo. Puede ser que seamos muy flexibles pero nuestra respiración sea corta, o por lo contrario, nuestra respiración sea la correcta, pero nuestro cuerpo nos dé problemas. Asimismo es posible que nos sintamos cómodos en un asana mientras nuestra mente divaga. Esto tampoco es un asana. Sólo es posible encontrar las cualidades que le son esenciales, si reconocemos nuestro punto de partida y aprendemos a aceptarlo.


T. K. V. Desikachar
Extracto de “El corazón del yoga: desarrollando una práctica personal”

Comentarios