El estado del asana y la ausencia de esfuerzo

Un asana es una postura corporal que se mantiene 1) en la inmovilidad, 2) largo tiempo; 3) sin esfuerzo; 4) con control respiratorio y 5) con control mental. Para que haya "asana" - y por consiguiente "yoga"- es necesario y suficiente que se de este conjunto de condiciones.

Vamos a profundizar uno de estos aspectos, la ausencia de esfuerzo. He aquí una de las características que distingue al yoga de las disciplinas corporales comunes, que implica también la total ausencia de competición, incluso de competición con uno mismo. En yoga no hay título alguno que distinga a un practicante experimentado de un principiante, a no ser por la irradiación espiritual que puede emanar de él. No hay ningún criterio físico exterior que permita verdaderamente clasificar a los practicantes. Se puede ser un auténtico yogui sin poseer una flexibilidad extraordinaria y, a la inversa, un contorsionista no es, por el mero hecho de serlo, un yogui.

Por consiguiente, ausencia de esfuerzo, ausencia de competición incluso con uno mismo, impregnémonos de este principio, que es uno de los pilares fundamentales del yoga. Los resultados -a veces espectaculares, desde el punto de vista de la flexibilidad corporal, del control muscular y mental- que produce el yoga se obtienen sin esfuerzo. Una objeción que puede surgir ¿no es indispensable un esfuerzo muscular considerable para ciertas posturas (Salabhasana Postura del Saltamontes, Dhanurasana Postura del Arco, por ejemplo)? El practicante trata siempre de utilizar el mínimo de músculos con la más débil contracción que sea compatible con la ejecución y el mantenimiento de la postura, sin recurrir jamás a la violencia.

El verdadero secreto del éxito en el yoga reside en el trabajo paciente y cotidiano, en la indiferencia frente al progreso o la falta de progreso. En este nivel vuelve a encontrarse una vez más, en una situación corporal y mental idéntica tanto el principiante como el practicante más avanzado. Ni uno ni otro tienen derecho a recurrir a esfuerzos violentos. El yoga debe resultar siempre cómodo y si la práctica cotidiana lo permite, mediante el entrenamiento, realizar con idéntica comodidad asanas cada vez más complejas y adelantadas.

Por lo demás, la interiorización inherente al yoga da al practicante una percepción cada vez más aguda de los puntos de resistencia en la ejecución de tal o cual asana, por ende, el practicante procurará realizarla descubriendo la línea de menor resistencia, cosa muy natural puesto que se niega a hacer esfuerzos violentos. Mediante una observación interior de las zonas de resistencia, descubrirá los medios de disolverla y conocerá cada vez mejor su cuerpo para superar lo que hoy es capaz de realizar.

Un máximo de relajación no es incompatible con la práctica de las posturas, todo lo contrario. Únicamente tienen derecho a estar contraídos los músculos que son absolutamente indispensables para adoptar y mantener el asana. La atención del yogui estará continuamente puesta en su universo corporal, a fin de percibir si hay en él algún grupo de músculos contraídos innecesariamente.

A fin de evitar cualquier esfuerzo inútil que se contraponga al fin perseguido, es necesario mantener la actitud mental correcta.

El yoga no se opone a la utilización de los músculos ni a su desarrollo armonioso, meta a la que legítimamente tiende el deporte. Pero para el yoga, que trabaja el aspecto de la inmovilidad y la larga duración de las asanas, la ausencia de esfuerzo es indispensable. Si una postura se mantiene mucho tiempo, un esfuerzo mínimo puede provocar una tensión intolerable, incluso calambres. Por eso, para poder mantener durante mucho tiempo una postura es necesario evitar todo esfuerzo muscular que no sea indispensable.

Para economizar el esfuerzo, los yoguis recurren también habitualmente al desplazamiento del centro de gravedad.

Cuanta más delicadeza se use para la práctica del yoga, cuanto más focalizada esté la atención, tanto más se acercará el practicante al verdadero yoga. Y en esto nuevamente, cada practicante se encuentra día a día en la misma situación, cada uno debe rememorar y respetar las reglas esenciales. Así día a día, controlará con mayor eficacia la maravilla de su mecánica corporal. Y así, hasta el final de nuestros días seremos siempre, cada uno de nosotros, eternos practicantes... Y nos sentiremos felices de serlo.




André Van Lysebeth

Extracto de "Mi sesión de yoga"

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