Ven y ve

Todas las enseñanzas del Buda eran importantes. Todas habían surgido de su propio autoconocimiento. Fue un gran yogui, un gran hombre. Entre sus enseñanzas recomendaba "Ven y mira" ó "Ven y ve". El Buda quería decir "Ven y observa", "Ven y contempla", "Ven y toma consciencia. El Buda no dice nada como espera, fantasea, recuerda, imagina, proyecta, elucubra. No, él te dice "Ven y ve".

El yogui sólo espera lo que ocurre. Debe aprender a vivir con atención ecuánime y de momento en momento. Pero ver es muy difícil. Ver aquí y ahora, en este tiempo, en este instante, sin la sombra del pasado ni la expectativa del futuro es sumamente difícil.

Ver así es renovarse. Vaciarse para llenarse y volverse a vaciar. Tener la mente fresca y receptiva. Ser como un espejo, que no conserva ni especula, sino que con toda fidelidad, refleja.

Tú quieres venir y ver, pero no lo consigues. Resulta que vienes y analizas, proyectas tus temores o fantasías, prejuzgas, te apegas o rechazas. Haces de todo, menos venir y ver.

Tú te propones venir y ver, pero en lugar de tener una visión pura y esclarecida de lo que es, empiezas a comparar, a medir, perderte en abstracciones, asociar, todo menos ver.

Ven y ve. 
Quiere decir: ven y observa lo que es, tal como es. Eso es todo. Tan simple y tan difícil...

¿Por qué nuestra visión no es pura? 
Porque vemos desde nuestros condicionamientos, porque vemos desde nuestras pasadas experiencias, porque vemos desde nuestros pretéritos patrones de conducta y desde los códigos. El que ve no es el de aquí y ahora, limpio y directo, sino aquel otro de entonces, de antes, de antaño. Al mirar, entre el objeto de la visión y la energía que ve se interponen infinidad de contaminaciones mentales, psicológicas, emocionales, culturales, vivenciales y educacionales. Pero además el que ve está condicionado por su propio ego, las propias rejas de su propia cárcel.

Así, la visión que tenemos de todo (de nosotros, del mundo, de la vida) está falsada y distorsionada por todos nuestros contenidos psicomentales. Nuestra mente es un hervidero de ideaciones, siempre optando, eligiendo, aferrándose o rechazando.

Sólo una honda transformación de la mente la dispone para poder ver sin interferencias, para poder rescatar la pura visión de la que habla Patanjali. Concentración y meditación son instrumentos para limpiar la mente, para purificarla, de igual modo que utilizas agua y jabón para despejar las impurezas de tus manos. La meditación esclarece la consciencia y purifica la visión. La meditación te libera de las encadenantes verbalizaciones, te libera de la sombra de anteriores experiencia, de las viejas asociaciones que todo lo corrompen y enrutinan. 

Es curioso que en su ignorancia haya personas que afirmen que la meditación es un escape de la realidad, cuando es la vía más cierta a la realidad tal como es. La meditación hace posible esa mutación interna, esa revolución mental, ese giro de la mente que facilite la visión pura. Yama y niyama (normas éticas), las técnicas psicofísicas (asanas y pranayama), concentración y meditación, la meditación en la vida cotidiana y todas las prescripciones yóguicas ponen las condiciones para que florezca esa mente que puede ver desde su propio ángulo de quietud, desde su propio elemento de inteligencia y puedo hacerlo con pureza y penetración.

Todos los yoguis te invitan a la visión pura. Ella es la visión que libera, que rompe los grilletes, que te muestra la vida tal cual y como es, y te permite incluso percibir tus subcorrientes mentales y psicológicas. Esa es la visión que pone término a la oscuridad y reporta la profunda vivencia existencial que te metarfosea y te vacía de todo para llenarte de tu propio ser.

No lo olvides, recuérdalo siempre que puedas. Ven y ve. Inténtalo. Tienes mucho que ganar. Y también que perder; la ignorancia, la ofuscación, la avidez, la miseria interior.

Ramiro Calle

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