La práctica de yoga: aprender y desaprender


Una parte importante de la práctica del yoga que se hace sobre la colchoneta comprende un proceso de aprendizaje y desaprendizaje; es decir exponer y desaprender los malos hábitos de la percepción y aprender a rectificar el potencial perceptivo humano hacia nuevas formas.

Al comienzo de la mayoría de mis clases de yoga, les pido a los alumnos que se paren un momento con los ojos cerrados y recorran intencionalmente y a conciencia su cuerpo: planta de los pies, tobillos, rodillas, cadera, vientre, pecho, brazos, cuello, cabeza, cara. Casi todos ellos se asombran al descubrir que tienen partes completamente entumecidas, y ello ocurre sin que tengan la menor conciencia del hecho.Tienen la inquietante sensación de que en algunas zonas "los circuitos no están conectados". Lo cierto es que el sistema de circuitos está débil. Cuando se relega al inconsciente algunas partes del cuerpo, las vías neuropáticas que conducen la sensación quedan en desuso. En realidad, esas vías están ubicadas en el mismo lugar y no han perdido su potencial, sólo que la capacidad del cerebro para utilizarlas de modo intencional aún no se ha desarrollado lo suficiente.

Los yoguis comprobaron que podemos aprender a reencaminar nuestra conciencia hacia cualquier aspecto de la vida física y no sólo hacia la musculatura o la superficie del cuerpo, sino también hacia las vísceras y estructuras más profundas del cuerpo. La práctica intencional de las posturas del yoga produce el efecto de hacernos "recordar", reunirnos con la parte perdida de nuestro ser, nuestra experiencia y nuestra historia.

La psicología acuñó el término "propriocepción" para referirse al acto de recibir e interpretar los mensajes del cuerpo. Su significado literal es "nuestra propia recepción" y mediante ella podemos percibir el calor de nuestras manos mientras estamos cómodamente sentados, los latidos del corazón o el ardor de músculos que crónicamente están contracturados. Mediante la propriocepción somos capaces de discriminar los matices tenues de sentimientos y sensaciones, tanto para percibir como para interpretar los estímulos que provienen de nuestra realidad visceral. De hecho, la capacidad de propriocepción es la que nos hace sentir reales y situados en la tierra.

La práctica de las posturas de yoga está especialmente diseñada para desarrollar nuestras capacidades proprioceptivas hasta un nivel de refinamiento supranormal. No hay nada mágico en ello, es sólo una cuestión de entrenamiento de la atención. Una serie bien balanceada de posturas nos abrirá sistemáticamente todas las áreas del cuerpo a la exploración, nos brindará un método para recorrer nuestra anatomía y entrenará nuestra atención para penetrar en cualquiera de sus aspectos.

Cuando empezamos a practicar las posturas notamos que nuestra armonía con las sensaciones, incluso en las partes superficiales del cuerpo se halla muy disminuida y a medida que ponemos la concentración en distintas partes, aumenta nuestra habilidad de concentrar la atención. A medida que educamos la atención en tal sentido, iremos notando que también mantenemos las posturas a lo largo del día y no solo cuando estamos en la colchoneta. "Oh! estoy parado y siento que la columna empuja hacia adelante. ¿Qué me pasa? ¿A qué estoy reaccionando? ¿Algo viejo? ¿Algo del momento?

Las posturas en si no tienen ningún poder mágico. Ni siquiera las prácticas aparentemente "más avanzadas" producirán ninguna transformación automática si se las realiza con miedo, agresividad, perfeccionismo y sin utilizar la conciencia.

Los asanas del yoga no se focalizan tanto en el ejercicio, sino más bien en el proceso de aprendizaje y desaprendizaje. Por tal razón, no es el movimiento en si lo que importa sino la calidad de atención que se preste a la postura. En realidad, el yoga produce cambios en el cuerpo a partir de la reeducación del cerebro. Posee un modo particular de movimiento, característico de la práctica clásica de las posturas, que aumenta la capacidad del cerebro para hacer que las áreas inconscientes del cuerpo se vuelvan conscientes. Los movimientos lentos, sin prisa, amplían la capacidad de sensación de la mente y propician el espacio para un proceso de reaprendizaje profundo.

Patanjali expuso hace casi dos mil años el más importante de los métodos de ejercitación. "La postura es firme y cómoda". Cuando el cuerpo va más allá del punto de comodidad tolerable, perdemos ecuanimidad. Esto quiere decir que perdemos el equilibrio de la mente, cuando esto ocurre, se torna imposible lobrar niveles más profundos de conciencia, la mente termina agotada y disgregada, y nos alejamos de la experiencia en lugar de ir a su encuentro.

Stephen Cope (psicoterapeuta, profesor de yoga)
extracto de "Yoga en busca de uno mismo"

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