El Yoga es Uno



Yoga significa unión. La unión del alma individual con el Espíritu Universal es yoga. Esta noción es, sin embargo, demasiado abstracta para ser entendida fácilmente, así que para nuestro nivel de comprensión suelo decir que yoga es la unión del cuerpo con la mente y de la mente con el alma.

El noventa por ciento de nosotros sufre de un modo u otro, física, mental o espiritualmente. La ciencia del yoga nos ayuda a mantener el cuerpo como un templo a fin de que éste se torne tan limpio como el alma. El cuerpo es perezoso, la mente vibrante y el alma luminosa. Las prácticas yóguicas desarrollan el cuerpo hasta el nivel vibrante de la mente para que así cuerpo y mente, habiéndose vuelto ambos vibrantes, se vean atraídos hacia la luz del alma.

Filósofos, santos y sabios nos dicen que son varias las sendas por las que podemos alcanzar el objetivo último, la visión del alma. La ciencia de la mente se llama Raja Yoga, la ciencia de la inteligencia es el Jñana Yoga, la ciencia del deber es el Karma Yoga y la ciencia de la voluntad es el Hatha Yoga. Para los autores de los textos antiguos estos nombres eran como las teclas de un teclado. El teclado posee muchas teclas, pero la música es una. Del mismo modo, son muchas las palabras mediante las cuales los individuos expresan su modo particular de enfocar el yoga y las sendas particulares por las que alcanzan la culminación de su arte, sin embargo el yoga es uno, al igual que Dios es uno, aunque en diferentes países la gente lo llame con distintos nombres.

Quienes abordan el yoga intelectualmente afirman que el Raja Yoga es espiritual y el Hatha Yoga meramente físico. Se trata de un grave error. Así como todas las sendas conducen a la fuente, también el Hatha Yoga nos conduce a la visión del alma.

Basta con abordar psicológicamente, en lugar de fisiológicamente, el término "hatha" para aprender más acerca de si el Hatha Yoga es físico o espiritual. "Ha" significa sol, el sol de nuestro cuerpo, es decir, nuestra alma. y "Tha" significa luna, la cual es nuestra consciencia. La energía del sol nunca languidece, mientras que la luna mengua cada mes y de nuevo pasa, de estar apagada, a la plenitud. Así pues, el sol en cada uno de nosotros, que es nuestra alma, nunca se apaga, mientras que la mente o consciencia, que toma su energ{ia del alma, experimenta fluctuaciones, modulaciones, humores y altibajos como las fases de la luna. La mente es como el mercurio. Y así como el mercurio no puede asirse con la mano, tampoco nosotros podemos asir la mente fácilmente. No obstante, cuando logramos hacer que se reunan consciencia y cuerpo, la energìa de aquella se aquieta, y cuando la energ{ia de la consciencia se aquieta, también la consciencia se aquieta y el alma impregna el cuerpo entero.

La mente puede ir en muchas direcciones en un instante. Sus movimientos son múltiples y muy rápidos. La respiración, sin embargo no puede ir en muchas direcciones a la vez. Solo tiene un recorrido: inspiración y espiración. Puede, sí, detenerse un momento en estado de retención, más no puede multiplicarse como la mente. Según el Hatha Yoga Pradipika, el control de la respiración y la observación de su ritmo llevan a la consciencia a la quietud.

Como el alcanfor al unirse a la llama, la mente resulta absorvida por la llama del alma. Esa es la culminación del Hatha Yoga.

Practicar yoga es por tanto unir el cuerpo con la mente. Para la persona cultivada es también unir la mente con la inteligencia, y para la persona aún más cultivada es unir el cuerpo, la mente y la inteligencia con lo profundo del alma.

El yoga se divide tradicionalmente en ocho miembros o aspectos, denominados: yama, niyama, asana, pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhi.

Se puede considerar asimismo que el yoga presenta tres niveles: externo, interno y profundo, o físico, mental y espiritual.De ese modo, los ocho miembros del yoga pueden dividirse en tres grupos: yama y niyama constituyen las disciplinas éticas sociales e individuales; asana, pranayama y pratyahara conducen a la evolución del individuo, a la comprensión de si mismo; dharana, dhyana y samadhi son los efectos del yoga, que proporcionan la experiencia de la visión del alma, si bien no forman parte, como tales, de la práctica del yoga.

El primer nivel del yoga consiste en lo que podríamos llamar obligaciones y prohibiciones. Niyama nos dice lo que debemos hacer por el bien del individuo y la sociedad y Yama nos dice lo que debemos evitar hacer, pues resultarìa nocivo para el individuo y para la sociedad. Una vez acatados estos preceptos tradicionales, trabajamos entonces para

el desarrollo individual a través de la interpenetración de cuerpo y mente y de mente y alma. Este segundo nivel del yoga es sadhana o práctica y comprende asana, pranayama y pratyahara. Asana es la práctica de diferentes posturas con el cuerpo. Pranayama es la ciencia de la respiración. Pratyahara es bien el silenciamiento de los sentidos y su mantenimiento pasivo en la posición que les corresponde, bien la retirada de los sentidos hacia el interior, a fin de que puedan residir en el núcleo del ser.

El tercer estrato del yoga es descrito por Patanjali en los Yoga Sutras como el tesoro del yoga. Es el efecto o el fruto de sadahana y consiste en dharana, dhyana y samadhi. Dharana es concentración o atención completa. Dhyana es meditación. Samadhi es la culminación del yoga, un estado de bienaventuranza y unión con el Espíritu Universal.

Cuando cuidamos del crecimiento de un árbol, llegado el momento éste echa flores, produciendo luego su culminación natural, que es el fruto. De igual modo, la práctica del yoga ha de culminar más pronto o más tarde con la fragancia espiritual de la libertad y la beatitud. Al igual que la esencia del árbol se halla contenida en el fruto, así también la esencia de nuestra práctica está contenida en su fruto de libertad, equilibrio, paz y beatitud.

B.K.S. Iyengar
(extracto de "El árbol del yoga")

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